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EL “MODELO” ECONÓMICO DE MEDELLÍN

Autor: Luis Guillermo Vélez Álvarez – Economía General, Historia Económica, Pensamiento Económico, Regulación Económica, Servicios Públicos.

Este contenido es responsabilidad exclusiva del autor y sus opiniones no comprometen la posición del ICP.

La expresión “modelo económico” me inspira cierta desconfianza intelectual. Quienes la usan suelen dar por entendido su significado, no voy a caer en ese desliz. Por modelo económico entiendo el conjunto de procedimientos que determinar la orientación y el volumen de producción de una sociedad y la distribución de sus resultados entre quienes participan en esa producción. Desde ese punto de vista, no hay sino dos modelos.

El primero es el de la economía descentralizada donde las decisiones se toman por agentes independientes que interactúan entre ellos voluntariamente en el proceso de mercado, cuyo resultado es, justamente, el volumen, composición y distribución de la producción entre esos agentes. Esto es lo que lo que llamamos economía capitalista.

El segundo modelo es aquel en donde las decisiones de producción se toman de forma centralizadas prescindiendo de los precios y el beneficio monetarios y empleando en su lugar modelos matemáticos de cantidades, como el de programación lineal de Kantoróvich o el de insumo-producto de Leontief. Esto es lo que llamamos economía socialista o comunista.

El fracaso del modelo de planeación centralizada fue tan contundente que hasta los comunistas chinos lo abandonaron, adoptando en su lugar una especie de capitalismo despótico en el que se combinan, como querían los fisiócratas franceses del siglo XVIII, la libertad económica irrestricta con la más cruda supresión de las libertades personales y políticas. Eso fue lo que hizo China, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, con sus zonas económicas especiales, que después se extendieron a todo el País.

Imagino que al hablar del Modelo de Medellín se está pensando en algo más parecido al capitalismo de propiedad privada y de intercambio voluntario, con libertades personales y políticas. Esto es lo que entiendo por capitalismo liberal.

Los resultados concretos del capitalismo liberal en una época y lugar determinado dependen de un conjunto tan complejo de circunstancias que aún no ha sido posible, y quizás nunca lo sea, incorporarlas dentro de lo que sería una teoría formalizada del desarrollo económico. Lo que sabemos sobre el tema es fundamentalmente un conjunto de hechos y circunstancias históricas mediante los cuales nos aproximamos a la comprensión de proceso de desarrollo específicos.

Los historiadores económicos aún no se han puesto totalmente de acuerdo sobre los procesos históricos que llevaron a que la industrialización de Colombia, nuestra Revolución Industrial, se desencadenara, en las tres primeras décadas del Siglo XX, justamente en Medellín, y no en otro lugar del País. Hay acuerdo en que la minería del oro, al permitir la acumulación de capital líquido en las manos de algunas personas, desempeñó un papel fundamental. También fue muy importante la caficultura que con la actividad semi-industrial de la trilla permitiría que los primeros capitalistas aprendieran los rudimentos de la industrialización.

Todo lo demás son conjeturas sobre lo que fue la actividad de unos audaces pioneros, que, arriesgando sus propios recursos, empezaron a experimentar, a tratar de hacer cosas por su cuenta y riesgo, sin estar sometidos a plan alguno y sin pretender cumplir los designios de ningún “modelo de desarrollo” ideado por el gobierno o una autoridad central. Buscaban hacerse ricos o más ricos de lo que ya eran e hicieron sus apuestas que no estaban ganadas de antemano.

Increíblemente montaron una fábrica de galletas en un lugar en donde no había ni podía cultivarse el trigo y donde todo mundo parecía estar contento comiéndose sus arepas. Montaron también fábricas de telas, gaseosas, cigarrillos, fósforos, chocolate, cerveza, etc. sin saber de antemano sí podrían competir exitosamente con los productos importados. La industrialización de Medellín no estuvo regida por plan alguno ni dependió del apoyo de los gobiernos local o nacional cuyos raquíticos recursos escasamente alcanzaban para pagar las nóminas.

La transformación en curso de la economía de Medellín, de la que muchos ni siquiera se han percatado, tampoco obedeció a plan alguno acorde con lo que pomposamente llaman el “modelo de ciudad”. Hoy, Medellín aloja los Cuartes Generales de cuatro o cinco grupos empresariales que tienen inversiones en decenas de países y atienden un mercado de más de trescientos millones de personas.

Debe mencionarse, en primer lugar, el Grupo Nutresa, cuyos antecedentes más remotos, Industrias Noel y Nacional de Chocolates, están en los orígenes de la industrialización de Medellín. Nutresa tiene plantas en catorce países y vende sus productos en más de setenta. El Grupo Bancolombia, cuya acción fue la primera de una empresa colombiana en cotizarse en la Bolsa de Nueva York, tiene presencia en10 países, con más de 10 millones de clientes y 40.000 mil empleados. La mayor parte de las plantas de Argos están en Estados Unidos y allí vende el grueso de su producción. También está internacionalizado el grupo de energía, integrado por EPM, ISA, ISAGEN, XM y CELSIA.

La internacionalización de estas y otras muchas empresas la hicieron los propios empresarios, sin plan ni propósito colectivo alguno, atendiendo al fuerte incentivo de la apertura económica de los años 90 del siglo pasado. Esos empresarios entendieron que, si empresas de otros países podían instalarse exitosamente en Colombia, las suyas podían también instalarse exitosamente en esos países.

Nadie puede saber dónde ni cómo se están produciendo las trasformaciones que llevarán a la configuración económica de Medellín dentro de 30 ó 40 años. Lo que sí es seguro es que se están produciendo y que esas transformaciones serán más significativas para esa configuración que los esfuerzos deliberados de la Administración Municipal.

En lugar de embarcarse en ejercicios de vana clarividencia y de pretender decidir los ganadores del juego empresarial, la Administración Municipal debería ocuparse de entender las necesidades de las empresas existentes y, si no puede hacer nada para incentivar su actividad, lo que es lo más seguro, debería abstenerse se hacer lo que pueda estorbarla. Tontas ideas como el tal pico y placa industrial, del que se habla cada vez que se presenta la inversión térmica característica de nuestro valle, son esa clase de estorbos.

Una empresa que se vuelve internacional se desarraiga un poco a medida que crece la escala de sus operaciones externas. En las decisiones de localización de sus plataformas producción y, bien importante, de sus centros de investigación y desarrollo e, incluso, de su sede central, su lugar de origen entra a competir con otros lugares. Por eso la Ciudad, que busca atraer empresas de otros países, debe también buscar ser atractiva para las nacieron en ella.

Hay que entender que Medellín necesita más de esas empresas que esas empresas de Medellín. Si desaparecen esas grandes empresas desparecen también miles de pequeñas y medianas empresas que dependen de la demanda de aquellas. Esos grupos empresariales internacionalizados, que están generando miles de empleos profesionales para los chichos de nuestras universidades, pueden tener sus sedes centrales en cualquier lugar del mundo. Por supuesto que es problemático un traslado de esa naturaleza, pero no está fuera del alcance de esos grupos o empresas realizarlo. La movilidad es el atributo más característico del capital y el capital no es un edificio en la Avenida la Vegas.

Esta columna, “Intervención en el Concejo de Medellín”, se publicó originalmente aquí

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