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El país se encuentra, como el mundo, al revés; cae la pandemia en todo el mundo con consecuencias desastrosas para la salud, el empleo, la economía, en general para todas las actividades y Colombia no podía ser la ser la excepción, pero nuestro país sufre una pandemia crónica peor; una oposición que no piensa en lo mejor para la economía, el progreso, el pleno empleo, la verdadera paz, salir del subdesarrollo, haciéndole el cuarto a la izquierda con un grupo de parlamentarios, haciéndole el ambiente en el parlamento a los ex Farc, que si antes en el monte querían la desestabilización con las armas, el terrorismo, el narcotráfico y tantas fechorías, hoy lo quieren acabar en el legislativo, con otros partidos que solo buscan burocracia, contratos y prebendas, con el dinero del pueblo colombiano.

Herencia cruel que dejo el Nobel de Paz, donde no hay paz; ese acuerdo que fue la desmovilización de unos pocos; sin entregar la totalidad de las armas, no fue la entrega de rutas, no fue la entrega de jóvenes reclutados, no ha sido la entrega del patrimonio conseguido con sangre, tráfico de drogas y cultivos ilícitos, la no fumigación aérea con productos experimentados en cultivos agrícolas, con pruebas como Santrich, Iván Márquez, el Paisa y otros que ya estaban en Venezuela haciendo el puente para narco traficar, protegidos por el señor Maduro.

Es imperdonable el daño causado por un ex presidente y un grupo de parlamentarios, que no pensaron en la patria sino en los beneficios personales que otorgaba el Nobel de diferentes maneras – puestos – contratos – viajes, en una palabra, mermelada de cuenta del erario público, dejando el país endeudado, comprometido en vigencias futuras, con un 80% de obras inconclusas, con una justicia cuestionada, prueba de ello el cartel de la Toga, la inconsistencia en los fallos, donde los pájaros le tiran a las escopetas, favoreciendo a los que visitaron cárceles en Colombia y en el exterior buscando pruebas falsas pagadas, vendiendo el alma al diablo.

Ante Colombia al revés no queda otro camino que defender la democracia que nos va quedando, apoyando intensamente al presidente Iván Duque Márquez, que le ha tocado recorrer un camino de espinas, en parte, por una herencia cruel que le dejo el Nobel irresponsablemente con todos lo vicios y exceso de corrupción tolerada, una oposición a recibir prebendas y con unos grupos desestabilizadores en el parlamento, en algunas instituciones, gobernaciones y alcaldías, que solo buscan el malestar del pueblo, para capitalizarlo en épocas electorales con base en mentiras, calumnias y desinformación, en ocasiones fomentado por un periodismo también huérfano de beneficios que implementó el Nobel.

Analiza uno algunos señores de la izquierda, ricos patrimonialmente, sin haber tenido herencia, sin haber montado un empresa, industrial o comercial, sin haber montado una ganadería, una empresa agrícola, porcícola, avícola o pesquera, pero si es una persona que ha luchado iniciando cualquier negociación, con éxito, sacrificio, ahorrando, invitando emprendedores, accionistas y jugándole al tiempo y al aguante, esto según ellos no se merece y su vagancia, incapacidad y envidia, dicen que hay que repartirlo, al no ser de ellos; hay que trabajar y trabajar, pero sin estar esperando vivir del estado, como los acostumbró el Nobel.

Observa cualquier persona desprevenida, de la capacidad de trabajo y aguante del Presidente Iván Duque M., ante tanto tira piedra, con un parlamento poniendo palos en la rueda, una justicia cuestionada, franco tiradores distorsionando realidades, obras inconclusas, una caja vacía heredada del Nobel, el país comprometido y de sobre mesa la pandemia, pero con la incomprensión de los que quieren llevarnos a un caos.

Como si todo lo anterior fuera poco, nos llega el atropello a la ley o un manejo jurídico dudoso, para querer acabar con el único líder que ha dado Colombia en la historia republicana, el Doctor Álvaro Uribe Vélez, un patriota sin igual, que ha dado su vida sirviendo a Colombia, arriesgando todo para sacar un país de un momento crítico, dejándolo muy bien en las finanzas públicas, con una guerrilla desgastada, el país en pleno desarrollo, dejado a un sinvergüenza que dilapidó todo lo hecho y con su Nobel ignoró lo que le dejaron.

Algún día lo tendrá que pagar, pero el país y el pueblo no perdonan ni lo olvidan.

Autor: Gabriel Harry Hinestroza Presidente de la junta de la Cámara de Comercio de Medellín. Reconocido empresario que ha realizado importantes aportes al país y al Departamento de Antioquia.

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